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Así vivimos la Campaña en el Restaurante Jacques

Sobremesa

mayo 30 at 5:13am

¿Por qué me enamoré de Jacques, el lugar para una buena comida francesa en Bogotá?

Para empezar quiero contarles que en Bogotá es posible viajar al París de los años 1700 sin avión y sin máquina del tiempo. Para hacerlo solo es necesario visitar Jacques, un emblemático castillo ubicado en la calle 109 con carrera 15 que hace honor a la cultura francesa en todo su esplendor.

Ahora, yendo a mi a mi historia de amor, quiero contarles acerca de mi primer encuentro con Jacques, el cual se asimiló mucho al encuentro que tienes con una persona de la cual te enamoras a primera vista de forma inesperada. Llegamos pensando que se trataría de una reunión de negocios en un lugar más de los tantos que están por el sector, pues aún no había tenido la oportunidad de conocerlo aunque casualmente esa misma mañana una amiga me había advertido de lo sorprendente que era el lugar, lo que despertó mis expectativas.

Mientras nos acercábamos al sitio nos percatamos de que el restaurante no era un local sino un pequeño castillo que resaltaba entre las demás construcciones de la zona. Al llegar a la entrada, la atracción fue inmediata, sentí como si un imán me halara hacia la parte interna del restaurante para continuar con su juego de seducción. Apenas entré, sentí como su perfume con aroma a pasteles y pan recién horneado me cautivaba y me incitaba a probar los placeres únicos y refinados de la pastelería francesa que se exhibían en el mostrador. Luego me sentí totalmente emocionada al verme rodeada de tanta elegancia que ambientaba nostálgicamente a París.

Al ir avanzando y descubriendo cada rincón creía que me iba transformando en María Antonieta, la protagonista de la película de Sofía Coppola. Me sentía como parte de realeza y fue en este momento que noté que estaba totalmente enamorada de este lugar porque, al igual que un hombre amoroso, me hacia sentir como una reina.

#buenacocinafrancesa

Bakary

junio 05 at 12:04am

Cuando de sabores se trata…

El sentarse a la mesa es todo un ritual placentero que hace al corazón palpitar, y más aun cuando se trata de sabores que deleitan el paladar para generar reacciones inigualables. Desde hace algunos años se habla en el dialecto gastronómico del hedonismo al comer, y es que este termino esta directamente relacionado con el placer del comer y el encanto a los sentidos.

En la actualidad la industria gastronómica cambia constantemente, y este cambio está estrictamente relacionado con las tendencias gastronómicas mundiales. Una de las tendencias que se presenta atractiva a al deleite de los clientes de la buena cocina, es la mezcla de texturas en los platos gastronómicos. Una mezcla entre texturas crocantes y espumas, abren paso al comer experimentado por los sentidos.

Por otra parte una buena ambientación del lugar, puede transportar al comensal a lugares inesperados. Sentirse en otra época o en otro continente hacen que la experiencia gastronómica sea única e inigualable.

La mezcla de buena comida, sabores exquisitos, texturas inigualables y ambientes envolventes, hacen del ritual de comer toda una experiencia, que activa los sentidos y la creatividad.

Cuando hablamos de este tipo de experiencias se piensa en países lejanos o en momentos que solo se ven en películas, sin embargo este comer hedonista también lo encontramos en Bogotá.

En el norte de la ciudad, en una calle colmada de establecimientos comerciales, llama la atención un monumento imperial francés con un gran letrero: JAQUES. Cuando se entra las miradas se topan con una decoración cargada de un corazón francés en Bogotá que hace sentir al huésped como en una película de reyes. Es imposible al entrar dejar de notal la esplendida vitrina de postres y panadería que resalta por la gran variedad de colores y formas que llaman. Al ver la carta obtienes un sin número de variedades que abren el apetito, al no saber que pieza escoger. Para empezar una mantequilla sobre un pan que se derrite en la boca de una manera irresistible, seguido por un plato que ha simple vista se ve perfecto y que con cada bocado sorprende no solo por su delicioso sabor, sino también por la mezcla de texturas que se logran degustar. Todo lo anterior caracterizando una buena cocina Francesa. Los bocados son disfrutados tan profundamente que en el momento menos pensado, el plato esta vacío por completo.

La velada termina, sin embargo las ganas de volver de manera reiterada, y de hablar a otros sobre el lugar es latente. Al salir de allí es como si hubieras despertado de un sueño de caballeros antiguos y realeza, con un sabor en la boca que llama a regresar pronto a un corazón francés en Bogotá.

Sobremesa

junio 19 at 1:28am

Relato de un Photo Shoot en Jacques

Llegué temprano, el sitio estaba vacío. El olor del pan recién horneado perfumaba todo el ambiente. Los exquisitos modelos franceses que posarían ante la cámara estaban esperando en su vitrina helada.

Subí las escaleras, el lugar estaba totalmente vacío. La lujosa boutique parisina del segundo piso me recibía esa mañana exhibiendo sus nuevos y exclusivos diseños. Estaba rodeada de joyas, pieles y lujo en medio de una tensa calma. Parecía ser la única en todo el lugar.

Entré a la terraza también sola. La música francesa a bajo volumen me acariciaba los oídos mientras descargaba una maleta y tablones rústicos. Me acomodé en un sillón y mientras analizaba la iluminación para las fotos comenzó a lloviznar. El techo corredizo estaba abierto de par en par y mientras veía la fina llovizna mojar el lugar me sentía nuevamente como en una película.

Luego de un rato, llegó mi pareja , el fotógrafo y la magia comenzó. Armamos el set, cuidando cada detalle por insignificante que fuera. La atmósfera era tan sofisticada y delicada que evitábamos hacer sonidos o movimientos bruscos. La lluvia volvió a arreciar y llegó María Paula, la administradora con dos cajas que contenían a nuestros vibrantes, delicados y coloridos modelos , los macarrones.

El techo corredizo se cerró para evitar que la belleza de estas galleticas coloridas se terminara disolviendo con el agua. Me coloqué mis guantes de vinilo y no resistí la tentación de tocarlos. Estaban helados, se sentían tan frescos y delicados que no dejaba de pensar en saborearlos, pero debía concentrarme en hacerlos lucir más provocativos de lo que ya eran para mí en ese momento.

Debo decir que en el tiempo que llevo en el food styler nunca había trabajado con algún alimento más fotogénico y versátil que los macarrones. Sentía la necesidad de usarlos de mil maneras diferentes, acomodarlos en círculo, en espiral, en diagonal de cualquier forma se veían increíblemente llamativos. Me sentía como si tuviera a mi disposición muchos lápices de colores diferentes y la libertad absoluta de lo que más me gusta hacer en mi vida, crear.

 

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